Justificados en Cristo

justificados cruz devocional UNIEM“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” Romanos 5:1-5

No quiero que suene como que “ando en la carne”, pero… ¿recuerdan la música que sonaba al final de las telenovelas de TVN en los años 90?

Dicha melodía tan característica que marcaba el final de un ciclo, donde la historia tomaba su curso natural: los malos eran descubiertos, los que veían imposible su amor terminaban juntos, y las personas buenas por fin tenían paz.

Al igual que los cuentos clásicos con su conocido “y vivieron felices para siempre”.

Muchas veces nos ilusionamos con una vida exenta de problemas cuando llegamos al evangelio, sin embargo vemos que en la Palabra de Dios no dice eso. La buena noticia es que la prueba tiene un propósito: forjar nuestro carácter para parecernos más a Cristo, y que en medio de la dificultad El Espíritu Santo estará siempre con nosotros.

En el capítulo 5 de romanos encontramos los resultados de la justificación, esto quiere decir, el resultado de que nuestro pecado haya sido pagado por Cristo. El primer versículo menciona que tenemos paz para con Dios, y que tenemos entrada a la gracia de Dios, esto significa que ante Dios ya no somos culpables por medio del sacrificio de Cristo.

Pero una vez que la salvación llega a nuestras vidas comienza un nuevo desafío: vivir nuestra vida conforme a la voluntad de Dios. Esto no significa que todo se vuelve fácil de un día para otro, sino que en nuestro camino ahora tenemos la guía de Dios para saber cómo actuar, y también su fortaleza.

Aun cuando te sientas solo, y que las circunstancias te abruman, confía en que Dios está contigo, y te acompañará siempre.