Madurez cristiana

naranjas UNIEM


Imagine que usted posee un árbol de naranjas en su jardín, y llegó la época de recolectar sus frutos. ¡Qué rico es comer una fruta madura!, en cambio, qué amarga sabe una fruta inmadura, pero aun más triste es cuando por más que cuidamos un árbol, éste no da fruto.

Cada ser vivo pasa por un proceso de crecimiento, y en la vida cristiana es similar, una vez que somos hijos de Dios, viene un camino en el cual vamos creciendo, conociendo más del Señor y aprendiendo a vivir vidas maduras que agraden a Dios.


¿Cómo sabemos si hemos madurado?

Primero debemos entender que es un camino que no termina, no sirve leer la biblia completa una vez y creer que ya no hace falta estudiar más; se necesita un constante estudio de la palabra de Dios y aprender con la guía del Espíritu Santo como llevarla a nuestro modo de vivir.

No podemos esperar crecer en el Señor si no nos preparamos, debemos dedicar tiempo a la búsqueda de Dios, a pasar tiempo en oración y estudio de la biblia, y posteriormente practicar lo que estamos leyendo.

Dios nos escogió y nos ama, nos ha entregado su palabra para que le conozcamos, tenemos la oración para comunicarnos con Él, formó la iglesia para que encontremos apoyo y guía en nuestros hermanos. Él espera que maduremos.

En Isaías se ilustra una parábola sobre un hombre que plantó una viña, la cuidó, le dio lo mejor y los frutos que obtuvo de ella no fueron los esperados.

"Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil.
La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres."  Isaías 5:1-2

En esta parábola se refiere al pueblo de Israel, a como Dios escoge un pueblo para sí, lo cuida y lo guía, le da su ley para aprender a comportarse y constantemente cuando se aparta de Él, busca traerlo de regreso, pero llega un punto en el cual el pueblo ya no se arrepiente más, y llega el juicio, primero es destruido el reino del norte (Israel) por los Asirios y luego años más tarde es deportado el reino del sur (Judá) a Babilonia.

Dios no dejó de amarlo, Dios aun en cautiverio guardó un remanente de su pueblo para que volviera un día a su tierra. Siempre lo cuidó como el hombre de la parábola a su viña, pero el pueblo que se alejó de Dios, que buscó alianzas con otros pueblos paganos, y que finalmente ya no daba el fruto que se esperaba del pueblo escogido por Dios y vivió las consecuencias de su mal actuar.

Si hemos conocido las enseñanzas de Dios no debemos seguir actuando como antes de conocerle, debemos día a día perseverar y madurar. Aun cuando nos equivoquemos, Dios está siempre llamándonos a volvernos a Él.

Y si sentimos que estamos bien pero notamos que llevamos los últimos años haciendo lo mismo, es hora de volver avanzar y vivir en nuevos desafíos que nos pone Dios.

Un día todos fuimos niños espirituales, y necesitábamos de ayuda y dirección constante, así también nos toca a nosotros luego servir a los demás para que conozcan a Dios y para que crezcan en él.

Debemos dar buen fruto, que cumpla el propósito de quien nos llamó.