Dios no Salva a los Perfectos

«La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.» (Efesios 2:9-10 NTV)

Todos crecimos y vivimos día a día en una sociedad que nos exige cumplir con ciertas cualidades o capacidades para ser aceptados. Nos vemos obligados a escalar de meta en meta para "ser alguien" y sentirnos plenos. La religión también ha hecho lo suyo haciéndonos sentir y creer que para ser aceptados por Dios debemos cumplir con ciertos parámetros de "perfección" que finalmente sólo han logrado poner en nosotros sentimientos de frustración y exclusión; "la religión no es para mí", "la iglesia es sólo para gente perfecta", "no soy digno(a) del perdón y amor de Dios".

El hombre en su afán de tener todo bajo su poder y control, ha intentado dominar la voluntad de Dios, alterando Su Palabra y corazón. Y la humanidad tristemente al permitir ese control por siglos, tomó la lamentable decisión de ahora excluir y negar a Dios de sus propias vidas.

Jesús dijo que "al conocer la verdad seriamos libres" (Juan 8:32). El problema es que aún no hemos comprendido esa "verdad". Esa es la diferencia de vivir como esclavos, o libres en la fe!.

El apóstol Pablo escribió que "la salvación" (nuestra reconciliación con Dios) no era un premio por nuestros méritos, si no que una "consecuencia" de la obra "redentora" de Cristo Jesús en cada uno de nosotros!!. Esto quiere decir, que no existe nada que podamos hacer en nuestra "naturaleza humana" que pueda hacernos "perfectos" y dignos del perdón y amor de Dios Padre. Pero si existe una esperanza, y esa esperanza es tomar una nueva naturaleza, una “identidad divina" por medio de LA FE, "creándonos de nuevo en Cristo Jesús, “a fin de que (desde ahora en adelante, y no desde nuestra humanidad) hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás" (v.10).

Dios no nos acepta cuando logramos ser perfectos, si no cuando "RECONOCEMOS NUESTRA IMPERFECCIÓN" y necesidad de Él. Es en ese momento cuando el Señor hace de nosotros y en nosotros SU "OBRA MAESTRA" (v.9).

Así que no sigas frustrándote tratando de alcanzar una perfección que jamás alcanzarás en tus propias fuerzas. Vive en la gracia de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús, y recibe Su perdón y amor para que Él en ti moldee todo lo necesario conforme a Su diseño perfecto!

Ora hoy; "Señor, reconozco mis imperfecciones y pecados. Quiero agradarte con mi vida, pero en mis fuerzas no puedo. Trae sobre mí la obra redentora de tu Hijo Jesús, perfeccióname y haz de mí una obra maestra, para vivir todos mis días conforme a la voluntad agradable que tú ya preparaste para mí. En el nombre de Jesús. Amén!"