Preparando nuestro corazón para la Semilla

"Un agricultor salió a sembrar. A medida que esparcía las semillas por el campo, algunas cayeron sobre el camino y los pájaros vinieron y se las comieron. Otras cayeron en tierra poco profunda con roca debajo de ella. Las semillas germinaron con rapidez porque la tierra era poco profunda; pero pronto las plantas se marchitaron bajo el calor del sol y, como no tenían raíces profundas, murieron. Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron y ahogaron los brotes; pero otras semillas cayeron en tierra fértil, ¡y produjeron una cosecha que fue treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!" (Mateo 13:3-8 NTV)

La palabra de Dios contiene tesoros invaluables para cada uno de nosotros. En ella podemos encontrar verdad, esperanza, restauración, promesas, revelación, salvación, consejo, certeza, ánimo, paz, entre muchas cosas más. La palabra de Dios es una semilla íntegra que anhela echar raíces en nuestra mente y corazón para que alcancemos la plenitud que tanto buscamos, ¡y que Dios ya diseñó para nosotros!. Si pudiéramos resumir el propósito de ella en una sola palabra, esa palabra sería "vida".

En el ambiente natural, los elementos requeridos para que una semilla pueda germinar y hechar raíces para producir "vida" finalmente no están en sí misma (pues esta ya contiene todo lo necesario), sino en el ambiente o medio externo donde la semilla se desarrolle. La humedad, el oxígeno, la temperatura, el abono y hasta la iluminación en algunos casos, son factores claves para el éxito de este objetivo.

En la famosa parábola del Sembrador, Jesús es consciente de ello, y por eso ilustra el futuro del fruto que Su palabra finalmente alcanzará en cada uno de nosotros, en base a las condiciones externas que hoy estamos permitiendo que nos dominen. La palabra de Dios siempre contiene el mismo poder de dar vida, pero Jesús nos advierte sobre la efectividad que finalmente tendrá en nosotros, según el ambiente que hoy está rodeando nuestros pensamientos y emociones.

El camino (v.4), los pedregales (v.5-6) y los espinos (v.7) que Jesús señala en esta historia, representan metafóricamente nuestra inseguridad, desconfianza, temor y cobardía ante la decisión de comprometernos a experimentar un cambio radical en nuestro estilo de vida. Un cambio que depende de la gracia y poder de Dios por medio de Su Espíritu Santo, y de nuestra perseverancia. Pero que además nos exige pagar un precio de obediencia necesario; renunciar a nuestras nuestras vanidades (Mateo 13:19-22, Hechos 14:15).

Debemos comprender que la esperanza de una felicidad plena y eterna, es la más hermosa promesa que hemos recibido en Cristo, pues es el deseo de Dios para la humanidad. Jesús dijo "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10, RVR1960), pero para experimentar esa vida abundante, es necesario que "no se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta" (Romanos 12:2, NVI).

Los que tienen su corazón en tierra fértil (v.23), son aquellos que no tan sólo han tomado la decisión de escuchar la voluntad del Señor por medio de Su palabra, sino, que están dispuestos a ser transformados en sus pensamientos y emociones por medio de ella. No son personas perfectas, pero reconocen en sus debilidades la necesidad de una dependencia en la soberanía de Dios. Pueden ser rodeados tal vez por temores e inseguridades, pero perseveran en su corazón y mente por la decisión que finalmente ya han tomado, pues ahora tienen la certeza de que el evangelio que han recibido y aceptado, es el poder mismo de Dios actuando en ellos para alcanzar el fruto anhelado (Romanos 1:16, NVI).

"Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo" (2Pedro 1:5-8)

 

Reflexiona sobre esto:

  • ¿Estás viviendo la plenitud de Dios en tu vida?
  • ¿Aún tienes dudas, temores e inseguridades respecto al tomar un compromiso con Dios y su voluntad?
  • ¿En qué terreno tienes hoy tu corazón y mente?